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Mi Compadre y el Coaching

Mi Compadre y la escucha I (P. 10)
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3 Dec 2015

10. Mi Compadre y la escucha I

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  Hola Adolfo, gusto en verte, que bueno que nos encontramos de nuevo, vengo entusiasmado por compartir contigo lo que averigüé de la escucha activa ¿recuerdas que fue la tarea que me dejaste?

– ¡Que tal compadre! También me da gusto verte y por supuesto que me acuerdo. Cuéntame.

– Bueno consulté algunos libros y también en internet. Para no variar me ha hecho reflexionar, yo daba por sentado que escuchaba , es algo natural, es fácil, pero voy dándome cuenta que realmente pocas veces escucho, normalmente solo oigo.

– Y ¿cuál es la diferencia compadre?

– Pues que oír es solo un acto biológico, es uno de nuestros cinco sentidos, pero escuchar es oír más interpretar, es decir oigo lo que me dices, luego de acuerdo a mis creencias y mapas mentales interpreto aquello me dices.

– Bien compadre, entonces podríamos afirmar que una cosa es lo que decimos y otra es lo que la otra persona escucha ¿es así?

– Sí, sí, y a veces lo que escucho coincide con lo que me dicen, pero otras no y es cuando surgen los malos entendidos.

– ¿Y a qué crees que se deba eso?

– Aquí me apoyo en algo que leí de Stephen Covey que nos dice que generalmente primero buscamos ser comprendidos y después comprender. La mayor parte de las personas no escuchan con la intención de comprender, sino para contestar. Están hablando o parafraseándose para hablar. Lo filtran todo a través de sus propios paradigmas, leen su autobiografía en la vida de otras personas.

– Podrías darme algún ejemplo compadre, creo que me perdí un poco y estoy tratando de escucharte.

– Es como cuando alguien te dice: ¡Oh, sé exactamente cómo te sientes! He pasado por lo mismo, permíteme que te cuente mi experiencia… Te acuerdas el otro día que estuve en el hospital con mi hermana que se puso mala y estaba en terapia intensiva.

– Sí, claro que lo recuerdo.

– Pues no sabes cuantas historias escuché o más bien oí de las personas que nos visitaban, todos tenían algún caso más importante o impactante que el de mi hermana, hasta parecía una competencia para descubrir el caso más aterrador.

– Me va quedando bastante claro compadre, y pasa más seguido de lo que quisiéramos, el otro día un padre me dijo:

No comprendo a mi hijo, sencillamente no me escucha en absoluto.

Permítame formular de otro modo esto que me dice, contesté.

¿Usted no comprende a su hijo porque él no quiere escucharlo a usted?

Es lo que he dicho contestó con impaciencia.

Siempre pensé que para comprender a otra persona, usted necesitaba escucharla a ella, sugerí.

¿Es a lo que te refieres compadre?

– Si, Adolfo, es evidente que aquel hombre no tenía la más vaga idea acerca de lo que estaba realmente sucediendo dentro de la cabeza de su hijo. Echaba una mirada dentro de su propio corazón y su propia cabeza, y a través de ellos veía el mundo, e incluso a su muchacho.

– ¿Y entonces?

– Entonces hay que escuchar con empatía, quiero decir con la intención de comprender, procurar primero comprender realmente. Se trata de un paradigma totalmente distinto. Entrar en el marco de referencia de la otra persona, tratar de ver el mundo como lo ve esa persona, comprender lo que siente.

– Buen trabajo compadre, para escuchar debemos permitir que las otras personas hablen y creo que también debemos hacer preguntas.

– Me he dado cuenta que lo vienes haciendo.

– Muy bien, estás siendo un buen observador y cuéntame que más averiguaste.

– Co gusto te platico en la que sigue.

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