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Mi Compadre y el Coaching

El compadre y comenzando por la casa (Parte 19)
2 Mar 2016

19. El compadre y comenzando por la casa

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(A) Hola compadre, qué me cuentas

(C) Que tal Adolfo, pues fíjate que he estado triste.

(A) ¿Por qué compadre, qué te ha pasado?

(C) A mi nada malo afortunadamente, pero qué crees, mi hermano Felipe está muy enfermo y ya sabes mientras haya a mi lado quien sufra, yo no tengo derecho a pensar en mi felicidad.

(A) Eso es algo que se dice con mucha frecuencia ¿será cierto? Te lo has cuestionado.

(C) Pues claro que es cierto, no necesito pensarlo, simplemente lo siento, estoy triste ¿cómo no estarlo?

(A) Te voy a compartir algunas ideas de Ignacio Larrañaga, él nos dice que eso de que no puedo ser feliz mientras alguien sufre son palabras que suenan muy bien, pero son falaces. Tienen una apariencia de verdad; pero, en el fondo, son erróneas. A la primera observación del misterio humano, saltarán a nuestros ojos una serie de evidencias como éstas:

Los amados aman. Sólo los amados aman. Los amados no pueden dejar de amar.

(C) Eso sí, estoy de acuerdo, también lo he leído y dice que:

Sólo los libres liberan, y los libres liberan siempre. Un profesor modelo de madurez y estabilidad hace de sus alumnos seres estables y maduros, y esto sin necesidad de muchas palabras.

(A) Y ¿qué pasa con los padres?

(C) Lo mismo sucede con los padres respecto de sus hijos. Y, por el contrario, un maestro inseguro e inhibido, aunque tenga todos los pergaminos doctorales, acaba envolviendo a sus alumnos en un halo de inseguridad.

(A) Ya ves compadre, entonces los que sufren hacen sufrir. Los fracasados necesitan molestar y lanzar sus dardos contra los que triunfan. Los resentidos inundan de resentimiento su entorno vital.

Sólo se sienten felices cuando pueden constatar que todo anda mal, que todos fracasaron. El fracaso de los demás es un alivio para sus propios fracasos; y se compensan de sus frustraciones alegrándose de los fracasos ajenos.

(C) Tengo algunos ejemplos de lo que dices Adolfo, en la oficina Ramiro es un sembrador de conflictos, siendo siempre una molestia para los demás y creo que lo hace porque está en eterno conflicto consigo mismo. No acepta a nadie porque no se acepta a sí mismo.

Oye ya estoy haciendo juicios sobre Ramiro ¿o no?

(A) Si efectivamente y esos juicios ¿están sustentados?

(C) Creo que sí pero la verdad no se bien cómo sustentarlos, no te entiendo.

(A) Bueno eso de los juicios es todo un tema, si quieres otro día lo tratamos, ¿te parece si seguimos con lo tuyo?

(C) Si claro estábamos en eso de ser feliz.

(A) Compadre, creo que ya te vas dando cuenta de que es tiempo perdido y pura utopía el preocuparse por hacer felices a los demás si nosotros mismos no lo somos; si nuestra trastienda está llena de escombros, llamas y agonía. Hay que comenzar, pues, por uno mismo.

(C) Entonces Adolfo sólo haremos felices a los demás en la medida en que nosotros lo seamos. La única manera de amar realmente al prójimo es reconciliándonos con nosotros mismos, aceptándonos y amándonos serenamente.

(A) ¡Claro compadre! Ya lo dice la biblia “amar al prójimo como a sí mismo”. La medida es, pues, uno mismo; y cronológicamente es uno mismo antes que el prójimo. Ya constituye un altísimo ideal el llegar a preocuparse por el otro tanto como uno se preocupa por sí mismo. Hay que comenzar, pues, por uno mismo.

(C) Adolfo, para no variar, ya me tengo que ir, precisamente voy a ver a mi hermano en el hospital.

(A) ¿y vas a ir con esa cara de tristeza?

(C) No…o si, ya no sé, estar feliz ¿no sería egoísmo de mi parte?

(A) Anda compadre ve, que no se te haga tarde, de eso del egoísmo platicamos la siguiente, solo piensa ¿Cómo crees que te querrá ver Felipe?

1 Response

  1. Como siempre el compadre tan atinado y Adolfo tan certero en su conversación, los felicito a los dos por compartir sus enseñanzas sin duda dejan mucha reflexión, saludos

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