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31 Mar 2017

¿Sabías que los celos se podrían convertir en una enfermedad?

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Celos y celotipia

Si bien puede ser cierto, como afirman los expertos, que en determinado momento de nuestras vidas todos hemos experimentado celos, también es verdad que los niveles en los que celamos suelen ser muy variados. Y en su fase intensa no hay que perder de vista que éstos se pueden convertir en un problema grave si llegan a la celotipia, lo que se conoce como celos patológicos.

“Los celos se convierten en un problema cuando nos genera ansiedad, cuando inciden psicológicamente sobre nuestro andar cotidiano –explica el doctor Eduardo Calixto. Un celoso crea historias y está obligado a saber si son o no ciertas […] cuando ocupamos más de un 30% de nuestra vida para evidenciar que tenemos razón respecto al otro, cuando la ansiedad no nos deja vivir en paz, ya tenemos problemas”. Aclara sin embargo que estar “en problemas” no es necesariamente haber alcanzado la celotipia.

La diferencia la hallamos en los niveles patológicos. Los celotípicos son incapaces de ser felices o de estar tranquilos hasta no demostrar que siempre tienen la razón; la celotipia abraza al individuo “e incluso, como Otelo [el personaje de la tragedia de Shakespeare], lo impulsa a atentar contra la vida”, dice Calixto.

Hay que aclarar que los niveles de ansiedad de un celoso pueden llegar a la celotipia por factores exteriores a los biológicos o culturales. Existen en la sociedad potenciadores de los celos por fármacos, por alcohol o drogas que aceleran el proceso y pueden llevar a un celoso a la enfermedad.

La colotipia o delirio celotípico, está vinculada al desequilibrio de la corteza frontal del cerebro. Científicos italianos de la Universidad de Pisa descubrieron que esa región cerebral, encargada de controlar procesos afectivos y cognitivos, puede sufrir alteraciones que exacerben los celos de las personas. Eso lo veremos más adelante, pero antes volvamos al caso de Jay.

Nuestro entrevistado trató de hacerle frente a la situación de diversas maneras, pero la falta de respuestas satisfactorias de su expareja lo llevó a dar por terminada la relación, de la manera más sana posible. “Ya no confiábamos el uno en el otro, y lo mejor fue terminar”, cuenta. Pero los problemas de Jorge no terminaron ahí. Inició una nueva relación, pero se confiesa preocupado y con un sentimiento de inseguridad constante, ha recibido ayuda profesional y está tratando de salir adelante. La nueva pareja trata de apoyarlo a cada paso, ella entiende que la inseguridad viene del pasado y que el cerebro de Jorge le está jugando una mala pasada.

Tres tipos de celos

Los normales o competitivos que son más parecidos a la envidia, que experimenta el perdidoso en cualquier competencia, ya sea por un trofeo deportivo, un ascenso laboral o el amor de una mujer.

Los proyectados que a menudo sufren los infieles quienes a menudo desean que su parejas los traicionen para liberarse de la “cruda moral” que les causan sus propias aventura galantes.

Los delirantes una obsesión que se clava en el cerebro y que resulta difícil de erradicar.

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